El caso de México

El concepto de femincidio adaptado en México por el movimiento de derechos humanos de las mujeres, si bien también se refiere a la muerte intencional y violenta de mujeres por el solo hecho de ser mujeres, incorpora dos componentes: el contexto de permisivilidad social e impunidad del Estado Mexicano. Este es por lo menos uno de los principales rasgos que distinguen conceptualmente al femicidio del feminicidio.

Como concepto el feminicidio es un neologismo que nos permite nombrar la forma extrema de violencia contra las mujeres motivada por razones de odio de genero y cuestionar la aquiescencia social e impunidad instutucional que rodea muchos de estos casos.

Es un llamado urgente a las instituciones del Estado y a la sociedad misma para reconocer y atender este fenómeno. Nombrar en voz alta el feminicidio, hasta hace pocos años negado o invisibilizado, a sido muy importante para avanzar, por ejemplo, en el terreno de las estadísticas en las Procuradurías de Justicia, que nos permitan contar con datos desagregados por sexo. para dimensionar este fenómeno en nuestro país y por consiguiente diseñar políticas públicas para  su erradicación.

Acontinuacion se presentan una serie de mapas tomados de http://archivos.diputados.gob.mx/Comisiones/Especiales/Feminicidios que muestran la evolucion del feminicidio en Mexico del 2000 al 2004 :

La situación en América Latina

La evolución del término feminicidio-femicidio se ha dado con especial relevancia en América Latina. En dicha región, de dos décadas a esta parte, se viene sosteniendo un debate académico sobre la pertinencia de la utilización de la traducción como femicidio o feminicidio, los alcances de su definición teórica y las distintas representaciones o tipos de feminicidio. No me parece pertinente entrar en el debate sobre si se debe utilizar un término u otro considero que ambos términos no son antagónicos sino complementarios, ambos enriquecen el concepto y amplían su significado.

Dos corrientes teóricas se manifestaron paralelamente, atendiendo a la búsqueda de marcos de referencia o de análisis para un problema estructural. Por un lado, en México el concepto fue introducido por Marcela Lagarde, en 1994, que continuó con la línea de Diana Russell y al traducirlo castellanizó femicide como feminicidio. La antropóloga y académica mexicana ocupó el cargo de diputada federal del Congreso Mexicano entre 2003 y 2006 y presidió la Comisión Especial para Conocer y dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana. Desde allí realizó una intensa labor de documentación de cifras de asesinatos de mujeres y durante su gestión el tema fue prioritario en la agenda parlamentaria de México.

Lagarde, como ella misma explica, transitó de femicidio a feminicidio porque en castellano femicidio es una voz homóloga a homicidio y sólo significa asesinato de mujeres. Redefine y sobre todo resignifica el término incorporando un elemento que lo coloca en el centro del debate: impunidad. Dirá: “se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. El feminicidio es un crimen de Estado”. Lagarde apunta a que el Estado tiene responsabilidad en la prevención, tratamiento y protección de las mujeres ante la violencia de género y debe garantizar la libertad y la vida de las mujeres. La ausencia de sanciones y de castigo a los asesinos coloca al Estado como responsable por acción u omisión del feminicidio y este tiene que asumir su complicidad o responsabilidad directa.

Para Lagarde, se manifiesta en tiempos de guerra y en tiempos de paz y está alimentado por la desigualdad de género, “no sólo social y económica” sino también “jurídica, política y cultural”.Asocia el feminicidio a la cosificación del cuerpo de las mujeres que las vacía de sus derechos como “humanas”. Lo vincula a la feminización de la pobreza:

Está ahí la pobreza que se extiende cada día para la mayoría de las latinoamericanas, violencia cuya clasificación se ha sofisticado en pobreza económica, pobreza alimentaria, pobreza extrema, entre otras, que convierte la miseria en vida cotidiana. Está entre nosotros la terrible feminización de la pobreza. Aún se presenta en nuestras tierras la muerte de mujeres y niñas por hambre, enfermedades curables, y complicaciones en la atención de embarazos, partos, abortos y puerperios. No amaina, desde luego, la violencia jurídico política que conculca la ciudadanía plena a todas las mujeres.

Marcela Lagarde deja claro que la violencia de género y el feminicidio constituyen un problema político y su tratamiento y resolución son una asignatura pendiente de los Estados actuales.

El otro gran exponente teórico del feminicidio en México es la socióloga Julia Monárrez. Oriunda de Ciudad Juárez, ha dedicado la última etapa de su vida a estudiar el tema y ha conseguido brindar nuevas herramientas de análisis, documentación y registro de distintos tipos de feminicidio. Su trabajo resulta clave para descifrar las atrocidades que encierran los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez, la impunidad del Estado mexicano y la falta de respuesta de las autoridades ante el creciente avance del narcotráfico. Monárrez ha obtenido respuestas teóricas y prácticas sobre los crímenes de mujeres y niñas con la creación de la Base de Datos Feminicidio 1993-2005, El Colegio de la Frontera Norte,  extiende su significado de esta manera:

El análisis del feminicidio puede presentar algunos problemas con relación a la obtención de los datos. Los inconvenientes incluyen el desconocimiento del número exacto de mujeres asesinadas, las causas o motivos que propiciaron esta clase de muertes y la poca confiabilidad de las estadísticas. Esto es así porque las estadísticas nacionales no registran el motivo, la relación entre la víctima y el victimario, ni las diferentes violencias que sufrieron las mujeres antes de ser asesinadas, como tampoco su domicilio o el lugar donde fue encontrado el cadáver. Ante tal situación, es necesario buscar métodos alternativos para poder entender el feminicidio con mayor precisión.

Monárrez devela la importancia de documentar y registrar las cifras aunque estas se obtengan de fuentes no oficiales como periódicos o familiares de víctimas. Demuestra que la ausencia del registro de feminicidios es la punta de un iceberg: el Estado encubre o tolera los crímenes y el encadenamiento de la falta de cifras continúa con la falta de investigación de los asesinatos, la deficiente procuración de justicia, la no reparación de las víctimas, un rompecabezas que confirma la impunidad generalizada en determinados países de América Latina como México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Por otro lado, su base de datos permite discriminar los feminicidios de los asesinatos de mujeres, es decir, aquellos, en los que, según lo que sostiene Russell: “el género femenino de una víctima es irrelevante para el perpetrador. Por ejemplo, un varón armado que dispara y mata a los propietarios, hombre y mujer, de un supermercado en el transcurso de su crimen, no ha cometido un feminicidio”.

La base de datos de Julia Monárrez incluye tres tipos de feminicidio: íntimo, que a su vez, se subdivide en feminicidio infantil y familiar. Luego, acuña dos nuevos tipos: feminicidio sexual sistémico, subdividido en organizado y desorganizado. Y feminicidio por ocupaciones estigmatizadas.

Lagarde, Marcela, “Introducción”, Diana Russell y Roberta Harmes, editoras, Feminicidio: una perspectiva global, México, Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de Justicia Vinculada, 2006

catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/ldin/…/capitulo2.pdf

De paradigma teórico a uso común


A raíz de conocerse el fenómeno del feminicidio en Ciudad Juárez, México, contabilizado desde 1993 y denunciado internacionalmente por el movimiento global de mujeres, el concepto pasó de ser un paradigma de análisis de la teoría feminista a una palabra de uso común en España y Latinoamérica, tanto en el activismo político de lucha contra la violencia de género como en la difusión del mismo por parte de los medios de comunicación.

Aunque contemos con información y datos estadísticos escasos y/o limitados, podemos constatar -dicha información se puede localizar en varios artículos publicados en Feminicidio.net- que el feminicidio es frecuente en numerosos países en América Latina, con tasas de asesinato de mujeres que rozan o alcanzan el carácter de pandemia; me refiero a El Salvador, Honduras y Guatemala, el llamado triángulo de la muerte para las mujeres de Centroamérica y México, en América del Norte.

El origen del concepto femicidio

El nacimiento del término como constructo teórico es el resultado de un extenso y valioso trabajo de la academia feminista, en confluencia con los procesos de denuncia y visibilización del fenómeno que vienen sosteniendo el movimiento feminista, familiares de víctimas y activistas de derechos humanos. En la década de los noventa, feministas anglosajonas introdujeron el concepto. Aunquefemicide, argumenta Diana Russell, ha estado en uso desde hace más de dos siglos y apareció por primera vez en la literatura, en A Satirical View of London (Inglaterra, 1801) para denominar “el asesinato de una mujer”(6). Russell teorizó sobre el concepto a partir de 1990 pero realizó una ponencia sobre esa forma extrema de violencia contra las mujeres en 1976, ante el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres, celebrado en Bruselas(7). Aquello, visto en perspectiva, fue un acontecimiento histórico y de vital importancia para la evolución que sufriría el concepto décadas después. El Tribunal fue inaugurado por Simone de Beauvoir, quien advirtió: “Este encuentro feminista en Bruselas intenta que nos apropiemos del destino que está en nuestras manos”. Alrededor de 2.000 mujeres de 40 países ofrecieron su testimonio y documentaron las distintas formas en que se manifiesta la violencia de género.

Diana Russell y Jane Caputi dieron a conocer el término en el artículo Speaking the Unspeakable, publicado originalmente en la revista Ms (1990): “es el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres”. En 1992, Diana Russell y Jill Radford lo definieron como “el asesinato misógino de mujeres cometido por hombres”. Las autoras clasifican las distintas formas de violencia de género que padecen las mujeres y que se manifiesta con un creciente terrorismo sexual. Señalan que estos actos violentos que acaban con el asesinato o muerte de las mujeres son feminicidios:

El feminicidio representa el extremo de un continuum de terror anti-femenino que incluye una amplia variedad de abusos verbales y físicos, tales como: violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente por prostitución), abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, golpizas físicas y emocionales, acoso sexual (por teléfono, en las calles, en la oficina, y en el aula), mutilación genital (clitoridectomías, escisión, infibulaciones), operaciones ginecológicas innecesarias (histerectomías), heterosexualidad forzada, esterilización forzada, maternidad forzada (por la criminalización de la contracepción y del aborto), psicocirugía, negación de comida para mujeres en algunas culturas, cirugía plástica y otras mutilaciones en nombre del embellecimiento. Siempre que estas formas de terrorismo resultan en muerte, se convierten en feminicidios.

Las autoras sostienen que la meta del ejercicio de la violencia por parte de los hombres, deliberada o no, es preservar la supremacía masculina. Se trata de un concepto político que permite visibilizar la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

 Lagarde, Marcela, “Introducción”, Diana Russell y Roberta Harmes, editoras, Feminicidio: una perspectiva global, México, Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de Justicia Vinculada, 2006

Feminicidio: La política del asesinato de las mujeres, elaborado por Jill Radford, Diana E H Russell, 2006.

El caso de los feminicidios en el Estado de México

 

El Estado de México se destaco en la escala estatal y nacional a través del tiempo por estar en los primeros lugares por su alto tasa de homicidio contra las mujeres, delimitar este problema en las distintas escalas ayuda a analizar su manifestación espacial, por lo que es de gran importancia que se tenga el registro detallado y desglosado de los homicidios en contra de mujeres para analizar en cuales espacios hay mayor incidencia y conocer las causas de este problema. Uno de los principales problemas que afectan a las mujeres es el estudio atendiendo a las distintas instancias y planos que constituyen el espacio.

Para el caso del Estado de México se han hecho varios estudios e investigaciones entorno a los feminicidios, a continuación se hace mención de las estadisiticas de algunos años tomadas del INEGI para dar un pequeño panorama de cómo se han manejado estas cifras:

2001

Se reportaron 330 homicidios contra mujeres, el 96.66% no especifica el tipo de violencia y el 3.03 fue por violencia familiar. El problema se manifestó en 54.4% de los municipios, los cinco con los mas altos porcentajes fueron: Toluca con 14.84%, Naucalpan con 12.12%, Ecatepec con 11.21%, Nezahualcóyotl con 5.16% y Tlalnepantla con 8.24%, el resto se reparte en los siguientes municipios.

2002

Ocurrieron 306 homicidios, el 97.07% no especifica la condición de violencia, si fue o no familiar, el 3.03% menciona que fue por violencia familiar, 50.4% de los municipios del Estado de México registraron casos, los que tuvieron los mas altos porcentajes fueron nuevamente Toluca con el 17.58%, Ecatepec de morales con 10.09%, Naucalpan con 8.46%, Nezahualcóyotl con 6.18% y Chimalhuacán con 5.21%.

2003

Se registraron 314 homicidios, el 87.57% de estos  no especifica el tipo de violencia, el 6.87% correspondió a violencia no familiar y el 5.73% a violencia familiar. El 38.4% de los municipios registraron casos, los cinco municipios con los mas altos porcentajes continuaron siendo Toluca, Ecatepec de Morelos, Naucalpan, Nezahualcóyotl y Tlalnepantla.

2004

En 2004 se registraron 287 casos de homicidios, el 86.41% no especifica el tipo de violencia, el 8.71% fue por violencia familiar y el 4.87% por violencia no familiar. 44% de los municipios del Estado de México tienen casos. Toluca obtuvo 13.58%, Naucalpan de Juárez 11.49%, Ecatepec de Morelos 10.10%, Nezahualcóyotl 6.62% y Valle de Chalco Solidaridad.

El reconocer el problema de la violencia feminicida y el tener la precisión de cuantos son los casos de feminicidio lleva implícito la conciencia del problema en consecuencia si no se registra la violencia feminicida existe una ausencia de perspectiva de genero por parte de las instituciones, ante ello depende el tomar en cuenta a unos casos a otros no, ante ello hay que señalar que la denuncia publica por parte de familiares como son las madres de las victimas, de las organizaciones no gubernamentales feministas, académicas y activistas ha sido de gran importancia para evidenciar el problema, que estee de se  a conocer y que se lleven acciones como investigaciones y leyes en pro de los derechos humanos de las mujeres.

Al hacer una revisión de los datos que presentan en los estudios cada una de los actores  que están generando información acerca de este problema nos damos cuenta de que entre estas disitntas fuentes no hay coincidencia, no hay certeza de cuantas  son y de quienes se trata.

Es asi que las cifras de la PGJEM no coinciden con las del INEGI, ello tiene que ver en que dicho instituto toma en cuenta tanto a los homicidios culposos como a los dolosos y la Procuraduría únicamente estos últimos, lo cual también forma parte del problema ¿con que criterio se considera a los casos, cuales se cuentan y cuales no?

Una de las investigaciones sobre violencia feminicida en México fue la de la Comisión Especial del Feminicidio de la LIX Legislatura de la H. Cámara de  Diputados 2003-2006 que resalta: ´´las entidades con la mayor tasa de homicidios por cada 100 mil mujeres en 2004 fueron Nayarit, seguida de Oaxaca, el Estado de México, Chihuahua ocupo el 7° y Yucatán el ultimo.

El Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Genero de la H. Cámara de Diputados indican que durante el periodo 2000-2005 en el Estado de México 961 mujeres fueron asesinadas.

Otro de los datos de un estudio de la PGJEM es que los homicidios contra las mujeres ocurren en zonas industriales, sin embrago con base en el seguimiento cartográfico en la escala estatal y municipal se sabe  que el problema ocurrió y ocurre también en municipios rurales.

Se ha tratado el problema en cifras, se ha detectado y citado en donde se registra el problema, pero lo que hay que destacar también son los aspectos cualitativos, así otra de las investigaciones sobre feminicidio es la de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) que tuvo acceso a las investigaciones previas de homicidios dolosos en contra de mujeres del año 2005 al 2007, en dicha investigación se hace mención del  perfil de las mujeres asesinadas.

Otra de las investigaciones feministas que ha hecho el conteo de los casos de feminicidio es  el Observatorio Nacional de Feminicidio que para  2007 en el estado de México reporto 289 casos de los cuales el 30.79% eran amas de casa, 16.26% empeladas, 4.43% estudiantes, 10.36% niñas, 3.46% prostitutas, 2.76% profesionistas, 5.88% propietarias y 13.29% se desconoce el punto respecto a al cita anterios cabe reslatar que el mayor porcentaje de las victimas eran amas de casa.

La manifestación espacial  de la violencia feminicida en Naucalpan 2000-2006.Elaborado por Angélica Lucia Damián Bernal  publicado en el 2010, quien tuvo como  Directora de tesis a Verónica Ibarra García